Retratos de jazz: La pasión musical de Haruki Murakami

“No conozco a nadie más que, sin ser un crítico musical, exprese mejor su pasión por el jazz y describa de forma más acertada la fuerza de este tipo de música. Yo, desde luego, no”

MAKOTO WADA

Retratos de jazz, es un libro con mucho encanto, de esos que podemos exhibir con orgullo mientras asoma altivo desde el bolsillo trasero de nuestros vaqueros. Un compañero fiel de viaje, -los complementos nunca han sido una cuestión menor-, que incluye cincuenta y cinco propuestas  que traerán calma y alegría a nuestra vida.  Una herramienta -deberíamos decir instrumento- eficaz para afrontar retos y curar heridas. Combinado con los discos de vinilo que tenemos en casa o con un reproductor y un par de auriculares, el mundo alrededor nos parecerá más amable y digno de ser disfrutado. No es un libro de autoayuda, no, pero ayuda y mucho. Porque el tono, importa.

Los aficionados al jazz y a la música en general estamos de celebración. Haruki Murakami publica Retratos de jazz. Con un lenguaje sencillo y coloquial, comparte con todos nosotros su amor incondicional por este género musical y nos abre la puerta de su discoteca.

El escritor no solo es conocido por su estilo literario hipnótico y sus personajes melancólicos, sino también por la profunda presencia de la música en sus obras. Su amor por la música clásica y el rock es evidente en novelas como Tokio Blues (Norwegian Wood) o Kafka en la orilla, pero en Retratos de jazz lleva esta pasión más allá, dedicando un libro completo a uno de los géneros que más han marcado su vida. Anteriormente lo había hecho con la música clásica en “Música, sólo música” (Tusquets, 2021), el libro de conversaciones entre Haruki Murakami y el director de orquesta Seiji Ozawa.

Publicado en español por Tusquets Editores y traducido del japonés por Juan Francisco González Sánchez, Retratos de jazz es un recorrido personal por la historia del jazz a través de un buen puñado de semblanzas de los músicos más icónicos del género.

En modo ensayo y con un tono íntimo y entusiasta, Murakami nos introduce en su mundo, compartiendo recuerdos, reflexiones y recomendaciones sobre los artistas que han definido su gusto musical. Analiza la esencia de cada músico, describiendo sus estilos, épocas y legado.  Además, sugiere canciones y álbumes representativos, guiando al lector en la experiencia de escuchar jazz con la misma devoción con la que él lo hace. Este enfoque convierte la lectura en una experiencia envolvente.

Cada entrada es una pequeña historia que transporta al lector a la atmósfera del Peter Cat, su antiguo club de jazz, donde le escuchamos hablar con entusiasmo sobre sus artistas favoritos. 

Además, cada retrato se acompaña de una ilustración del pintor japonés Makoto Wada que complementa el texto de Murakami, aportando un componente visual que refuerza la conexión entre literatura y música.

Uno de los aspectos más interesantes del libro es la manera en que el autor mezcla memoria personal con apreciación artística. Su escritura fluida y reflexiva nos permite no solo aprender sobre las grandes figuras del jazz, sino también comprender cómo este género ha influido en su vida y su obra.

El resultado es un libro que no solo informa, sino que invita a sentir el jazz de una manera más profunda, a través de las palabras de un autor que ha hecho de la música una parte esencial de su universo narrativo.

Retratos de jazz no es solo un libro sobre música; es una ventana a la sensibilidad artística de Murakami, una obra que combina literatura, memoria y pasión por el jazz en un homenaje a los grandes músicos de este género atemporal.

La lista de discos que incluye el libro es un verdadero tesoro del jazz. Son muchos los clásicos esenciales citados. Desde la elegancia de Bill Evans hasta la energía de Art Blakey y la innovación de Ornette Coleman. Desde leyendas como Miles Davis y Thelonious Monk hasta figuras menos conocidas pero igualmente influyentes. (Leer un fragmento).

Peter Cat: El bar de jazz donde nació la literatura de Haruki Murakami

Antes de convertirse en uno de los escritores más leídos del mundo, Haruki Murakami tenía un sueño diferente: regentar un bar de jazz. Junto a su esposa, Yoko Takahashi, abrió un pequeño local en Tokio que bautizaron Peter Cat, un refugio para los amantes de la música y un espacio donde, sin saberlo, Murakami comenzaría a escribir las primeras páginas de su carrera literaria.

Murakami y Yoko se conocieron en la Universidad de Waseda, en 1969, mientras estudiaban Arte Dramático. Sin embargo, la vida académica no encajaba con ellos, y en 1971, con solo 22 años, se casaron y abandonaron la universidad. En lugar de seguir un camino tradicional, decidieron ganarse la vida con distintos trabajos hasta que, unos años después, Haruki tuvo una idea: abrir un bar de jazz.

Desde adolescente, Murakami había sido un apasionado del jazz. Todo comenzó cuando, a los 15 años, asistió a un concierto en Kobe. Aquel evento fue una revelación: quedó maravillado por la energía de la música y comenzó a coleccionar vinilos con obsesión. Para mediados de los años 70, cuando aún luchaban por mantenerse a flote económicamente, ya poseía una colección de 3.000 discos. Fue entonces cuando decidió convertir su amor por la música en un negocio.

Temas como “Star-Crossed Lovers” de Duke Ellington (en Kafka en la orilla) o “You Don’t Know What Love Is” de Chet Baker reflejan el tono que impregna sus relatos. El ritmo fluido de su prosa nos sumerge en una jam session literaria.

Con mucho esfuerzo, préstamos de amigos y familiares, y horas de trabajo, Murakami y Yoko inauguraron Peter Cat en Kokubunji, un barrio del norte de Tokio. El nombre del bar era un homenaje a su gato, Peter, que los acompañaba en todo momento y que incluso servía de calefacción improvisada en los duros inviernos.

El local era pequeño y con poca ventilación, pero acogedor. De día, servían café; de noche, bebidas y algunos platos sencillos. La música nunca dejaba de sonar: los clientes disfrutaban del mejor jazz de los años 50, seleccionado cuidadosamente por Murakami. Los fines de semana, además, había presentaciones en vivo de jóvenes músicos.

En 1977, con el negocio ya consolidado, trasladaron Peter Cat al barrio de Sendagaya, en el centro de Tokio. En el nuevo local, la temática felina se volvió aún más evidente: la gran sonrisa del Gato de Cheshire adornaba el bar, junto con imágenes de gatos en posavasos, cajas de cerillas y cuadros.

Lo que Murakami no imaginaba era que, en la cocina de Peter Cat, iba a descubrir su verdadera vocación. Fue a los 29 años cuando empezó a sentir la necesidad de escribir. Su pasión por el jazz le hizo preguntarse si podía trasladar el ritmo de la música a la literatura.

“Ya sea en la música o en la ficción, lo más básico es el ritmo”, explicaría años después. “Si el ritmo de tu escritura es bueno y natural, la gente seguirá leyendo”.

Así, entre vinilos de Miles Davis y platos sencillos para los clientes, comenzó a escribir su primera novela, Escucha la canción del viento (1979). Desde ese momento, su vida cambió. Al poco tiempo, vendió el bar para dedicarse por completo a la literatura.

Hoy, Haruki Murakami es un autor de fama mundial. Sus libros han vendido millones de copias, y su estilo inconfundible, marcado por el jazz y la literatura occidental, lo ha convertido en una figura única en la literatura contemporánea.

Pero todo empezó en un pequeño bar de jazz, con un gato de nombre Peter y un vinilo de Miles Davis girando en el tocadiscos.

El jazz en la obra de Haruki Murakami conforma una banda sonora de soledad y libertad.

La música de jazz en las novelas de Haruki es parte esencial de su universo literario, tan reconocible como sus gatos misteriosos o sus pozos profundos.

El jazz en Murakami es símbolo de libertad emocional y refugio melancólico. Sus solitarios protagonistas consuelan su alma escuchando discos de Miles Davis, Thelonious Monk o Chet Baker mientras se lamen las heridas que el desamor, la pérdida o el sinsentido de la existencia les provoca.

La improvisación jazzística se convierte en una metáfora de la vida, viaje incierto, lleno de repeticiones, silencios y sorpresas.

Murakami ha dicho que encontró en la cultura occidental —en el jazz, en autores como Vonnegut o Chandler— una voz más afín a su sensibilidad que en la literatura japonesa tradicional. Esa mezcla entre mundos, entre lo clásico y lo moderno, entre lo introspectivo y lo lisérgico, define su personal estilo.

Sintonizamos con Murakami cuando escuchamos temas como “Blue in Green” de Miles Davis o “Take Five” de Dave Brubeck. El mejor punto de partida sin duda para entender cómo suena el escritor por dentro.

Deja un comentario